Crianza IV - E24

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Crianza | Sentimientos de culpa.

El sentimiento de culpa
es una emoción
con la que todo padre
tendrá que lidiar
(tarde o temprano)
al cuestionarse
su estilo de crianza. 

La culpa es una realidad tridimensional

  • Culpa a un nivel moderado: Es la evidencia del amor de un padre hacia sus hijos.
  • Nada de culpa: Irresponsabilidad paternal (no hay padres perfectos).
  • Culpa a un grado desproporcionado: Arrastra consecuencias negativas tanto para los padres, como también para los hijos.

Cuáles son
las circunstancias más comunes
que llevan a los padres
a sentir culpa
en el contexto
de la crianza de sus hijos?

Aunque puede resultar ser
una lista muy variada
las situaciones
por las cuales
se puede originar la culpa
son…

  1. El no haber pasado más tiempo con sus hijos en términos de cantidad y calidad.
  2. Haber sido un padre (o una madre) emocionalmente ausente.
  3. Haber sido un padre (o una madre) física y emocionalmente ausente.
  4. Por haberles gritado cuando en realidad no había motivos para hacerlo.
  5. Por haberles exigido mucho o por no haberles exigido lo necesario.
  6. Por haberse divorciado.
  7. Por haberlos criticado.
  8. Por haber sido injustos en el trato entre hermanos.
  9. Por la adicción al alcohol y las drogas.
  10. Porque nacieron con problemas físicos o cognitivos.
  11. Por haber sido un mal ejemplo para ellos.
  12. Por no haberlos protegido del abuso de otras personas.

Sin embargo,
y aunque los padres
pueden ser muy conscientes
de las causas
por las cuales experimentan culpa,
existen cosas
que resultan ser mucho más importantes
que el hecho
de tener en claro
«el por qué, se sienten culpables»... a qué me refiero?

Hay que aceptar nuestras fallas como padres. En la mayoría de los casos, los padres —no tienen ninguna objeción en reconocer que sus sentimientos de culpa se originan en los errores cometidos al criar a sus hijos— sin embargo, existe una proporción muy pequeña de papás y mamás que no lo hacen.

Cuál es el problema con no sentir culpa?

Partiendo de la lógica
de que no existe la persona perfecta,
podemos concluir
que no hay #ma-pa-ternidad perfecta. 

Así como no existe el matrimonio perfecto,
la iglesias perfectas,
el amigo perfecto
o cualquier otra cosas
que posea
el componente humano...
tampoco hay padres perfectos.

Los padres que no reconocen
sus sentimientos de culpa,
son adultos que no reconocen sus errores...
por lo tanto también caen en la categoría
de personas emocionalmente inestables
que les gusta jugar a ser víctimas.

Personas que transfieren
la responsabilidad de sus errores
a sus hijos
haciéndolos sentir inadecuados
incompetentes,
inseguros
y rechazados
por cosas que no deberían. 

Ejemplo

Cuando un padre no reconoce que está siendo egoísta con su hijo, al permitir que sus logros personales consuman la mayor cantidad de su tiempo y energía, hace que el niño crezca sintiéndose desplazado y poco importante. 

Como padres
debemos entender
que la culpa
en un grado moderado
es sana,
porque en ese contexto
es un doble signo
del amor.

#1- por el apego emocional que nos une a ellos.
#2- por el sentido de responsabilidad que nos motiva a hacer y a darles lo mejor.

Por nuestra condición humana
estamos limitados para amarlos de forma perfecta,
podemos esforzarnos (y tal vez),
amarlos de maner incondicional,
pero nunca al nivel de la perfección.

Esta realidad
puede hacernos
sentir culpables
pero la culpa
en estos casos
es normal,
natural,
común
y sobretodo
un signo que demuestra
que hubiésemos querido darles
más y mejores cosas...

Por otro lado
tenemos
los padres
que se van
al otro extremo,
los padres
que experimentan
una culpa crónica.

Este tipo de situación puede darse por dos razones:

#1- puede tratarse de culpa real, por cometer errores serios al educar a los hijos (por ejemplo) cuando se da el abandono, el abuso físico y emocional o padres con problemas de alcohol y drogas. Estas condiciones extremas pueden producir mucha culpa en los padres y la única forma de salir de esta situación es por medio de la ayuda de un terapista profesional. 

#2- también puede ser el resultado de la culpa ficticia. Muchos padres se culpan por el hecho de que su hijo naciera con problemas de salud (por ejemplo), síndrome de down, autismo, síndrome de Asperger, deficiencia del habla, problemas del aprendizaje como la dislexia, disgrafía, procesamiento auditivo, trastorno por deficiencia de atención o alguna otra minusvalía ya sea física, intelectual o cognitiva. Muchos padres con hijos en estas condiciones sufren una gran carga y dolor emocional. Se perciben así mismos como la causa de los problemas de su niño.  

Sin embargo
cualquiera que sea la razón
por la cual un padre
o una madre se siente culpable,
hay que entender
que la culpa
como cualquier otra emoción debilitante, 
sólo es una especie de alarma
que trata de advertirnos
sobre algo que no está 
funcionando bien
en nuestro interior,
en estos casos (la culpa)
actúa como una señal
que apunta
hacia un problema interior
que debemos resolver.

Cuando la culpa
se desborda,
eso quiere decir
que se volvió crónica
y por lo general
ya no está ligada
(es decir)
ya no tiene
ninguna relación
a un evento, 
a un error
o a una circunstancia específica
que ocurrió durante la crianza;
sino que se transforma
en un patrón
de pensamientos
obsesivos.

Cuando un papá o una mamá se queda atrapado en esta dinámica, debe buscar ayuda lo antes posible, porque la culpa en este nivel además del dolor emocional genera otros problemas.
Atención a esto!
Si los padres que no reconocen su culpa, transfieren la responsabilidad de sus errores a sus hijos, provocándoles sentimientos de inadecuación, vergüenza, incapacidad e inseguridad…
Los padres con culpa crónica, se vuelven permisivos y les cuesta disciplinar a sus hijos. En algunos casos, esto hace que el niño les pierda el respeto ya que gradualmente le van otorgando una autoridad que genera irritabilidad y comportamiento agresivo hacia sus padres.
Los hijos de padres que sufren de culpa crónica, son niños que crecen sintiéndose inseguros, desarrollan ira, tienden a deprimirse y además desarrollan una actitud desafiante hacia la autoridad.

Intencionalmente
vuelvo a ser
reiterativo,
—la culpa
es simplemente
una emoción
y no,
una sentencia de muerte—.

Sí,
seguramente es verdad...
que pudimos haber sido mejores padres,
pero quedarnos atrapados
en esos pensamientos angustiantes
no nos ayuda
     —ni a nosotros—
          —ni a nuestros hijos—.

Las emociones
(sobre todo las debilitantes)
son alarmas
que nos informan
que algo no está bien
en nuestro mundo interior,
nos señalan hacia un problema
del cual nos debemos hacer cargo
con el cual, 
debemos hacer algo al respecto
para solucionarlo.

Permíteme darte algunas ideas para que las medites.

Primero, la #ma-pa-ternidad no tiene porqué ser perfecta. Si hay un tipo de experiencia de la cual todo ser humano se beneficia: es de los errores cometidos y en ese sentido nuestros hijos también aprenderán, no sólo de los propios, sino también de los nuestros.

Segundo, debes analizar si los errores que cometiste con tus hijos pueden estar relacionados con los errores que cometieron tus padres contigo; en ese caso, hay que trabajar en las deudas emocionales que te dejaron tus padres y darle un nuevo enfoque a esa área en tu relación con tus hijos.

Tercero, los seres humanos no sólo somos imperfectos, también somos impredecibles, inconsistentes y muchas de nuestras conductas están motivadas: tanto por la herencia cultural de nuestros mayores, como por el medio ambiente en el cual crecimos. Por otro lado, somos criaturas que de igual manera que nos resistimos al cambio, al mismo tiempo, también poseemos una increíble capacidad para cambiar. En palabras más simples, los seres humanos somos muy complejos y lo único que nos puede ayudar es el estudio y la profundización en el conocimiento de nosotros mismos.

Cuarto, cuidado con la crítica hacia tus padres. Esto te lo voy a explicar con un ejemplo:

Imaginemos una pareja que tienen un hijo y pasados unos 15 años, los papás del niño se divorcian… El niño vive la dolorosa experiencia de la separación de sus padres y cuando es adulto, se promete así mismo que él nunca va a abandonar a sus hijos por ningún motivo…
el problema, es que cuando él ya tiene su propio hogar y por esas cosas de la vida, también fracasa en su matrimonio…
La crítica a sus padres, lo llevó a hacerse una promesa; promesa que luego no pudo cumplir… entonces se llenó de culpa.

Este ejemplo que doy podría ser perfectamente la realidad de cualquier persona, pero de la misma forma, el sentido de la ilustración puede ser aplicada a cualquier situación de una persona que critica a sus padres (por la crianza que le dieron) y prometerse -algo- que luego no puda cumplir. 

No estoy justificando la conducta de nadie, sólo digo, que no debemos ser los jueces de los demás y mucho menos formar las bases de nuestra #ma-pa-ternidad en relación a errores ajenos o a los faltantes de nuestra niñez. 

En conclusión

  1. Criar hijos produce mucho estrés, pero eso no quiere decir que no podemos hacer cosas para minimizar su impacto en nuestra vida y en la calidad de la educación que podemos ofrecerles a nuestros hijos.
     
  2. Debemos criar a los hijos que tenemos y no a los que nos hubiese gustado tener, para lograr ese fin hay que determinar el perfil psicológico de nuestro hijo y ayudarle a desarrollar su potencial al máximo.
     
  3. Nuestro estilo de crianza no debe estar enfocado únicamente en lo superficial de la conducta del niño; sino que debemos explorar su mundo interior para conocerlo mejor y ayudarle a que se conozca así mismos.
     
  4. Hay que entender que la culpa es una emoción debilitante (pero al mismo tiempo una emoción amiga) que nos está señalando hacia un problema en nuestra vida interior que debemos solucionar.

Para cerrar esta mini-serie, un pensamiento de P. J. O'Rourke: «Todo el mundo sabe cómo criar a los niños, excepto las personas que los tienen» 

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