Crianza III - E23

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Crianza | Hijos emocionalmente inteligentes.

Si como padres sólo nos enfocamos en corregir la conducta de nuestro hijo; pasando por alto sus sentimientos o sus ideas, nos convertiremos en padres disociados de la vida interior del niño. Esto no quiere decir que no le amemos, sin embargo, él o ella crecerá sin las herramientas que le permitan reconocer sus propias emociones. 

El común denominador
de los padres
buscan
y se esfuerzan
por darles lo mejor
a sus hijos.

Les inculcan
buenas costumbres, 
tratan de crear en ellos
buenos hábitos, 
les proveen educación académica, 
visitas al doctor, 
al dentista, 
les proporcionan alimentos, 
los consienten con juguetes, 
vacaciones
y sobretodo
les dan su protección
y amor incondicional.

Pero… 
cuánto tiempo
y recursos
invierten
esos padres
para explorar
la vida interior
de sus hijos,
con la intención
de entenderlos mejor
y para ayudarles
a que ellos mismos
descubran
y aprendan
a interpretar
correctamente
su sentimientos, 
emociones, 
ideas
y pensamientos?

Bueno, 
la verdad
es que la experiencia
y los datos
que arrojan
un significante
número de estudios
realizados
por psicólogos infantiles,
nos dicen
que (en promedio) 
por cada 1,600 casos de estudio
(relación padres e hijos), 
sólo el 24% de los padres
logra conectar
con la vida interior
de sus hijos.

Si como padres
no proporcionamos
el ambiente
para abrirnos
y hablar con nuestros hijos
sobre nuestra propia vida emocional
y la de ellos, 
el niño crecerá 
evitando o ignorando
lo que sucede
en su mundo interior.
 
Qué estamos enseñando con esta conducta? 

La respuesta es la siguiente: enseñamos a nuestros hijos a que sólo sean conscientes de lo superficial de su conducta, reprimiendo o ignorando las emociones que están modulando su comportamiento.

Básicamente
estamos transfiriéndoles
lo que nuestros padres
hicieron con nosotros, 
lo cual resulta muy posible, 
que cuando él o ella
se conviertan en personas adultas
y tengan sus propios hijos
también hagan lo mismo. 

Este modelo de crianza
enfocado
en el comportamiento
y no en las emociones
que lo provocan, 
limita a los niños
en su desarrollo
de la inteligencia
emocional.

Es decir, 
la gestión personal
en la comprensión
de las emociones.

La buena noticia
es que todos
podemos cambiar.

En este sentido surge una pregunta: Qué podemos hacer (como padres) para ayudar a nuestros hijos en su área emocional?

Lo primero
es comenzar
por entender
nuestras propias emociones
como adultos,
tanto mamá 
como papá 
deben volverse
más conscientes
de lo que pasa
en su propia vida interior
y tratar de entenderlo;
si no comprendemos nuestras emociones
tampoco podremos explicarles
cómo trabajan las de ello.

Posiblemente
estés pensando
que (indirectamente) 
te estoy aconsejando
que vayas
a ver a un psicólogo?  

La verdad no, 
personalmente
creo que la mayoría de la gente
no necesita terapia
para entender sus emociones, 
pero eso sí, 
todos necesitamos
contar con la información
y las herramientas correctas
para lograrlo. 

La segunda cosa
que podemos hacer
para ayudar a nuestros hijos, 
es aprender a ser receptivos
de la vida interior de ellos
y no reactivos hacia su conducta.

Lo explico.

Imaginemos esta situación… 

Un niño en lugar de ser obediente y sentarse a la mesa para cenar, les hace un berrinche a sus padres, llora, grita y se tira al piso porque quiere seguir jugando. 

Entonces
ante estas circunstancias
lo más común
es que papá o mamá 
sienten al niño a la fuerza,
le hablen en un tono amenazante
y pongan cara de serios… 

Ese,
es un ejemplo
de lo que es ser
reactivos
a la conducta del niño.

Entonces tú piensas, 
aah… 
si eso significa ser reactivo, 
entonces
«ser receptivo» 
quiere decir
que debo dejar
que mi hijo
haga lo que se le da la gana?

Estás total
y absolutamente
incorrecto.

No,
ser receptivo
no  quiere decir
que dejarás
que el niño
gobierne su propia vida;
eso te convertiría
en un padre irresponsable.

Ser receptivo, 
significa
que vas a conectar
con el mundo interior de tu hijo, 
diciéndole
de forma calmada
(con una sonrisa si es posible) 
y con un lenguaje corporal
que no intimide al niño
algo como esto… 

Mi amor, veo que tienes muchas ganas de seguir jugando, te entiendo (cuando yo tenía tu edad y mis padres me llamaba a comer me pasaba lo mismo) sabes qué… yo también quiero jugar contigo, hagamos una cosa… acompáñame y comamos esta rica comida que mamá nos preparó... luego tu y yo nos vamos a tu cuarto y jugamos juntos…

De esta manera
al enfocarte en las emociones, 
los pensamientos
y los deseos del niño, 
él o ella
va a percibir
que se le comprende
en lugar
de reprimirle.

La represión causa rebeldía porque el miedo se apodera de la mente del niño.

En cambio,
al ser receptivo, 
conectas
con la vida interior
de tu hijo.

El niño o la niña
se va a dar cuenta
que no pasa
por desapercibido
ante tus ojos, 
que entiendes
lo que le sucede
y cuando eso ocurre
en la mente de una criatura,
se siente segura
y tendrá la mejor disposición
para cualquier cosa que le pidas.

 

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