Matrimonio II - E10

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Matrimonio II | Fundamento espiritual

Si la meta de la pareja
es llegar a tener
un buen matrimonio, 
entonces, 
los tiempos difíciles
serán percibidos
como obstáculos
no deseados. 

Pero si cambiamos
nuestra mentalidad
y vemos al matrimonio
como un proceso espiritual;
los problemas
no son obstáculos, 
sino oportunidades
para el crecimiento
y el aprendizaje.

No estoy diciéndote
que tú y tu cónyuge
tienen que saltar de alegría
cada vez
que atraviesen una dificultad. 

Pero lo que si pueden hacer, 
después de la reacción inicial
que ocasionan las peleas
como por ejemplo: ira, 
incomodidad, 
decepción
o cualquier otro tipo
de emoción incómoda; 
juntos pueden dar un paso atrás
y cambiar la perspectiva
es decir,
la actitud hacia
de la situación
y enfrentar la crisis
con los elementos espirituales
que forman la base
de un matrimonio de éxito
los cuales son: 
la sabiduría, 
el perdón mutuo,
la honestidad emocional
y la comunicación basada en el amor.

Comencemos
con el primer componente
del fundamento espiritual
del matrimonio: La sabiduría.

La sabiduría
es un recurso
potencialmente valioso
sobre todo
para cultivar
ciertas cualidades
del carácter
como lo es: 
la esperanza, 
el optimismo, 
la compasión
y la tolerancia. 

Estos son
aspectos sustanciales
que forman parte
de nuestra
inteligencia emocional
y súper necesarios
para desarrollar
un funcionamiento
adecuado
en nuestras relaciones
interpersonales, 
de las cuales
el matrimonio, 
es la más importante, 
íntima
y significativa
de todas ellas. 

Al menos, eso es lo que se espera, 
lo que se supone que debería ser.

Antes de continuar
vale la pena aclarar
que estamos haciendo énfasis
en un fundamento espiritual
y no en uno religioso. 

Entonces
(en base a esa aclaración) 
es conveniente
responder a esta pregunta: 
¿Qué es la espiritualidad? 

En lo personal, yo defino la espiritualidad en siete características: 

Primero, es lo que nos impulsa a descubrir el significado más profundo de la vida (es decir), es la fuerza que nos inspira a ir en busca del sentido y del propósito que Dios tiene para nuestra vida. 
Segundo, es lo que nos permite establecer los valores morales por los cuales nos vamos a regir para vivir nuestra vida.
Tercero, es el contexto en el cual se desarrolla nuestra relación con Dios.
Cuarto, es lo que nos proporciona el argumento para conectar con nuestro ser interior y con un ser superior a nosotros.
Quinto, nos da los elementos éticos para la vida en comunidad.
Sexto, nos brinda una visión coherente de la realidad y
Séptimo, nos proporciona un sentido de pertenencia. No sólo hacia Dios, sino también hacia una comunidad de fe que comparta nuestras mismas creencias.

De este modo, 
la sabiduría
es el primer
y el más necesario
de los cuatro elemento
en la ecuación
de un fundamento
espiritual sólido
para nuestra vida
de casados. 

En realidad
la sabiduría
es esencial
estemos casados o no, 
pero,
en el contexto
del matrimonio
resulta ser
imprescindible
ya que no sólo
se trata de la dirección
que tomará nuestra vida; 
sino que estamos arrastrando
la vida de otras personas
(me refiero a nuestro cónyuge y a nuestros hijos).

En mi opinión, 
un síntoma
que muestran
las personas sabias, 
es cuando reconocen
que su condición humana
los limita
para vivir la vida
de forma adecuada
y balanceada.

Otro aspecto importante
de la sabiduría
es que ella define
qué tipo de relaciones
interpersonales
tendremos
y a qué nivel
de intimidad
nos vamos a relacionar
con los demás. 

Por ejemplo, 
un matrimonio
con problemas
no es algo anormal; 
pero un matrimonio
que no sabe
cómo resolver sus problemas, 
es un claro ejemplo
de que ambos
o al menos
uno de los cónyuges
está carente
de sabiduría. 

Por lo tanto, las parejas en esta condición no pueden relacionarse a un nivel en donde la parcialidad y la objetividad les permitan generar un ambiente (un terreno en común) en donde puedan encontrar un argumento para el diálogo inteligente, exponer sus puntos de vista de manera libre y clara, para juntos buscar la oportunidad para la mejora y la soluciones a sus problemas.

Un matrimonio de éxito
no es aquel que nunca tiene dificultades, 
sino el que puede sobreponerse a ellas
y crecer por medio de esas circunstancias.
 
Preguntémonos,
¿Se nace sabio? 
La respuesta es no. 
¿La sabiduría
está reservada
sólo para algunos? 
La respuesta es no. 

La sabiduría
se obtiene; 
ella es
un concepto
transferible. 

Vuelvo a repetirlo
la sabiduría
es un elemento espiritual transferible, 
que proviene de Dios. 

Escucha este interesante pensamiento
que está en Santiago c1 v5
“Si alguno de ustedes no tiene sabiduría, 
pídasela a Dios. Él la da en abundancia”

El segundo elemento
del fundamento espiritual
para el matrimonio
es el perdón.

Aunque el tema del perdón
es muy amplio
en esta oportunidad
sólo voy a enfatizar
la forma (es decir),
la dinámica
que la pareja debe
practicar
para que el ejercicio
del perdón mutuo
obre a favor de la relación.

Primero reconozcamos algo, 
perdonar no sólo es la actitud
más inteligente
sino el mayor bien
que nos podamos hacer
a nosotros mismos
en términos de salud mental y física. 

Sin embargo, 
la mayoría de nosotros sabemos
por experiencia propia
que es mucho más fácil decirlo
que hacerlo.

Todo matrimonio
debe tomar muy enserio
el tema del perdón
(no importa
que tan lastimado
o lastimada
te encuentres
en este momento), 
porque para ser eficientes
en cuanto a perdonar
debes aprender a conocer
el mecanismo
de cómo el perdón se desarrolla:

La dinámica del perdón
posee cuatro
etapas, 
de las cuales, 
tres de esas cuatro
son responsabilidad
de la persona
que ha sido lastimada
y una
de la persona
(o más bien del cónyuge) 
que ha cometida el daño
a su pareja.

#1 (responsabilidad del cónyuge lastimado): Debes expresar tus emociones de forma clara.
#2 (también responsabilidad del cónyuge lastimado): Debes esforzarte por entender por qué te lastimaron.
#3 (responsabilidad del cónyuge que produjo el daño): Debes reconstruir el sentido de seguridad de tu esposa o esposo y finalmente...
#4 (responsabilidad del cónyuge lastimado): Renuncia a revivir esa situación en el futuro. 


Para que se entienda mejor esta dinámica la voy a ampliar de la siguiente manera:

Primero. Expresar las emociones: Debes hacerle saber a tu cónyuge el tipo y la intensidad de las emociones que experimentaste al momento en que te hirió. 

Segundo. Entiende el por qué (la razón), la causa del por qué fuiste lastimada o lastimado: Lo creas o no, en el momento de vivir una injusticia, nuestro cerebro comienza a buscar una explicación lógica que nos permita entender —«por qué»— ese evento tuvo lugar en nuestra vida.

Es posible que no estemos de acuerdo con lo que encontremos, pero nuestro patrón cerebral necesita algún esquema que explique el porqué del asunto. Y este es un consejo adicional que te voy a dar: comienza por entender que los seres humanos somos personas imperfectas que de vez en cuando (y a veces muy a menudo) cometemos errores.

Tercero. Reconstruir el sentido de seguridad de tu cónyuge: Para que tu pareja pueda perdonarte (él o ella), necesita sentir una dosis razonable de seguridad ¿a que me refiero? Bueno, al hecho de que esa situación no se volverá a repetir entre ustedes. Sea lo que sea (lo que hayas hecho) esa conducta no puede volver a suceder. La promesa vacía de —«perdóname, no voy a volver a hacerlo»— para luego no cumplir, es algo que no debe tolerarse en ninguna relación que tenga la aspiración de desarrollar un matrimonio saludable. Si es necesario tener que llegar al extremo de consultar con un consejero matrimonial, hay que hacerlo, con tal de erradicar el problema de raíz.

Cuarto. Renunciar a revivir la situación: Esta última etapa requiere que la persona ofendida tome una decisión. Renunciar a revivir lo sucedido es comprometernos a no guardar rencor, a no tener intenciones de venganza. Es no intentar manipular con lo ocurrido a nuestra pareja en el futuro. Renunciar significa hacernos la promesa de dejar de pensar en la injusticia que han cometido en contra nuestra. 

En base a esto que acabo de decir, 
me gustaría hacer una aclaración más, 
si esta última faceta
del mecanismo del perdón
te resulta difícil, 
eso sólo quiere decir una cosa: 
que las tres primeras fases
no han sido completadas
de manera eficiente.

Por supuesto, 
que hay muchas situaciones
que pueden ser muy complejas. 
Pero en medio de esa complejidad, 
perdonar
(por lo general),
nos pone en una condición
de poder negociar
con nuestro cónyuge. 

Sin embargo, 
algo más importante
que conseguimos con el perdón
es que recibimos sus beneficios
en la salud física, 
la sanidad de nuestra relación de pareja
y nos provee fuerza emocional.

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